El reloj entre la hierba
el verde crece
y lo esconde
Con mugre en mis manos
arranco el tiempo de la tierra
porque nunca hará que flores crezcan
El bosque tiembla
con miedo a las horas
que sólo traen la oscuridad
y se llevan la magia
de los árboles encantados
de las hojas de colores
de la esperanza de quedarse con un sueño
que no escape con los días
martes, 21 de marzo de 2017
martes, 31 de enero de 2017
Aire
Sueños desnudos.
Ojos claros.
Manos frías.
Palabras entre las sábanas,
deslizándose por los recuerdos.
Un sol mentiroso,
escondido en el invierno.
Un paraguas caído.
Memorias sueltas bailando entre las ruedas.
Besos rosas.
Deseos muertos.
Pies dolidos.
Palabras entre las estrellas,
deslizándose por el ayer.
Una luna miedosa
escondida en el tiempo.
Un gato frustado.
Memorias sueltas cantando entre los charcos.
Dos cuerpos vencidos.
Ojos tristes.
Manos entrelazadas.
Palabras entre la esperanza
deslizándose por el adiós.
Ojos claros.
Manos frías.
Palabras entre las sábanas,
deslizándose por los recuerdos.
Un sol mentiroso,
escondido en el invierno.
Un paraguas caído.
Memorias sueltas bailando entre las ruedas.
Besos rosas.
Deseos muertos.
Pies dolidos.
Palabras entre las estrellas,
deslizándose por el ayer.
Una luna miedosa
escondida en el tiempo.
Un gato frustado.
Memorias sueltas cantando entre los charcos.
Dos cuerpos vencidos.
Ojos tristes.
Manos entrelazadas.
Palabras entre la esperanza
deslizándose por el adiós.
lunes, 23 de enero de 2017
El bosque
Me acuerdo de aquella noche de invierno. El
viento estaba silbando la canción de la película de terror que rondaba en mi
cabeza. Mis ojos estaban abiertos, intentando descifrar el significado de la
sombra en el techo. Pero no lo conseguían. A fuera de las cuatro paredes de mi
habitación el silbido crecía al acariciar los árboles. Las imágenes azules de
la película crecían en intensidad junto al silbido, cada vez teniendo más
presencia en mis pensamientos.
Recuerdo dar vueltas entre las sábanas cuando
la imagen del bosque apareció entre las otras. Intenté encontrar una posición
en la cama que me hiciera sentir a salvo. Pero la chica andando
perdida entre los árboles, chillando por no encontrar su camino, hizo que cada
parte de mi cuerpo sintiera frío y que mi cama se asimilara a las rocas entre
el barro de aquella escena. Cerré los ojos y me tape los oídos con la intención
de bloquear los horrores. El viento pareció saber mis deseos y los contradijo.
Con el poder de su canción, hizo que el cristal en la ventana traqueteara y la
ansiedad en mi pecho creciera.
En mi mente, andaba por el bosque junto a la
chica, me sentaba a su lado cuando sus piernas cedían y chillaba cuando ella
gritaba que no quería soledad. Yo miraba a nuestro alrededor buscando algo con
que poder ayudarla a encontrar el calor. Pero solo me sentía más fría con cada
segundo, y sentía las lágrimas correr por mis mejillas. Mi cabeza, pegada a una
almohada mojada, me evitaba pensar en la luz del día siguiente, solo me dejaba
adentrarme en la soledad de la película. Consiguió hacerme caer. Abrí los ojos
y la sombra en el techo estaba pegada a mi cara. No pude chillar, ya que el
silbido del viento me quitó la voz.
El bosque, la oscuridad y la chica ya no eran
parte de una película, sino de mis memorias de aquellos días viviendo en la
soledad.
domingo, 8 de enero de 2017
Desaparición
Cada vez que estoy cerca de la meta,
la gente desaparece y me quedo sola. Lleva pasando durante días, la soledad
acechándose en mis sueños. Estas pesadillas son incoloras, rodeadas por un gris
aburrido, lleno de remordimientos y palabras que se dijeron mal. Cuando me
despierto, mi almohada está fría y rígida.
Me siento en el banco con la tristeza a mi lado, hablando de las oportunidades que dejé pasar, todas las lágrimas que he llorado, todas las veces que me he caído. Intento levantarme y cortar las voces en mi cabeza que están de acuerdo con la tristeza. Miro a las hojas caídas y pido andar sin lluvia, ver el cielo azul.
Cada vez que creo que veo el sol una nube gris toma su sitio y mi luz se desvanece.
Lleva pasando durante días, la oscuridad presente en mis días. La lluvia cae
alrededor mía sin fin, y estoy rodeada de remordimientos y palabras que se
dijeron mal. Cuando abro mi paraguas, se rompe y me empapo hasta que mis huesos
sienten el frío.
Cada vez que respiro, me rompo un poco por dentro.
martes, 1 de noviembre de 2016
Tercer viento
Su tercer suspiro se mezcla con el viento de Chicago, yendo entre la gente en la ciudad. Se sienta frente al lago, con la cara sonrojada y las manos frias. Observa como las olas van y vienen, al igual que sus recuerdos. Pero ellos se quedan, ellos no vuelven a ser parte del agua, sino parte de ella, parte de la historia que su corazón está escribiendo.
Saca su cuaderno, lleno de fotos en blanco y negro, y escribe sobre el viento frio del trece, el inocente pensamiento del primer amor, el tiempo que separa los buenos buenos momentos, la distancia entre el sol del lago y la luna de la montaña.
Pasa la página del cuaderno, y con una sonirsa en la cara, sigue escribiendo su historia. Sus palabras hablan del momento entre un fin y un principio en el calendario. Ese momento sigue presente en sus ojos, cuando mira hacia el horizonte y piensa en ir hacia el oeste, pasado el océano, hasta esa pequeña calle entre las montañas.
Cierra el cuaderno y corre por la arena. Deja que sus pisadas permanezcan en el suelo y decide no mirar a las nubes grises. Corriendo, sigue hacia adelante, pero en su mano lleva una llave. Esa llave va con ella a todos lados, para recordarla que el tiempo pasa, que las semanas se convierten en meses y los meses años. Y los años sólo importan si los sentimientos se han perdido.
Saca su cuaderno, lleno de fotos en blanco y negro, y escribe sobre el viento frio del trece, el inocente pensamiento del primer amor, el tiempo que separa los buenos buenos momentos, la distancia entre el sol del lago y la luna de la montaña.
Pasa la página del cuaderno, y con una sonirsa en la cara, sigue escribiendo su historia. Sus palabras hablan del momento entre un fin y un principio en el calendario. Ese momento sigue presente en sus ojos, cuando mira hacia el horizonte y piensa en ir hacia el oeste, pasado el océano, hasta esa pequeña calle entre las montañas.
Cierra el cuaderno y corre por la arena. Deja que sus pisadas permanezcan en el suelo y decide no mirar a las nubes grises. Corriendo, sigue hacia adelante, pero en su mano lleva una llave. Esa llave va con ella a todos lados, para recordarla que el tiempo pasa, que las semanas se convierten en meses y los meses años. Y los años sólo importan si los sentimientos se han perdido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)