miércoles, 24 de agosto de 2016

Un verano eterno

Recuerdo aquel día cuando el sol brilló como nunca. Los rayos se metieron entre las hojas de los árboles e iluminaron todo el parque de felicidad. Todavía puedo sentir el calor en mis venas y tu suspiro en mi mejilla. Estábamos solos con el silencio. Las horas pasaron lentamente, dejándonos disfrutar de esa mañana de agosto que nunca se escapará de nuestras memorias. En mi bolsillo sigue la llave que me diste, con la que me prometiste que me volverías a ver.

Recuerdo aquella noche junto a las estrellas. Mi corazón sigue pensando en tus labios junto a los míos y tus manos rodeándome la cintura. Estábamos enganchados al presente y a las letras de esa canción que escucho cada noche antes de soñar con tus ojos. Me acuerdo de llorar de la risa con tus tonterías y de saber que el verano no se separaría de nosotros cuando el otoño llegara. En tu mejilla sigue el beso rojo que te di, con el que prometí que te volvería a ver.

Recuerdo aquellos momentos entre los paseos y las miradas. Tu sonrisa era un oasis en los días calurosos en la sierra de Madrid. Estábamos perdidos en el pasado y el futuro, sin importarnos lo que pasara cuando las nubes me secuestraran. Todavía suspiro las palabras que dijimos sin miedo y las veces que entre los nuestros bromeáramos sobre el cambio del tiempo. En nuestros cuerpos siguen los pasos de baile, con los que prometimos dejar al destino seguir su curso.

Recuerdo aquel verano como si fuera ayer.

martes, 12 de julio de 2016

Reencuentro

El primer día los recuerdos se metieron entre las conversaciones. Removieron la complicidad y buscaron rincones entre las bebidas y los bailes. Las chispas no se atrevieron a saltar, para no alterar el camino de las estrellas. Ellas vigilaron la noche y dejaron escapar a la felicidad, la cual se pegó a las miradas y durmió con el amanecer.

El segundo día se vistió de azul, para no olvidar la nostalgia que la distancia una vez creó. Entre palabra y palabra se perdieron los abrazos y la familiaridad fue apareciendo en el lugar del miedo.

El tercer día el sol les permitió volver a ser los mismos. Las sonrisas de siempre saltaron entre los árboles y los recuerdos salieron de su escondite y decidieron ser los invitados de honor en el parque. Las horas pasaron lentamente, dejando que el amor inocente recorriera las calles del pasado.

El cuarto día vino con la luna. El diario del primer amor se abrió y continuó escribiendo páginas. Con risas y deseos, los besos aparecieron y dibujaron un corazón entre las calles y las matas de los árboles. El corazón era rojo, lleno de pasión por lo pasado y de esperanza del presente. Por una noche, el momento dejó vivir lo bonito y acarició a los jóvenes.

viernes, 13 de mayo de 2016

Azul

Me perdí en el mar y no tenía café. El sol intentó despertarme, pero el sonido de las olas me llevó a soñar junto a las sirenas. Busqué la isla desierta, pero las nubes fueron las únicas que se dignaron a aparecer. El azul que me rodeaba me ponía los pelos de punta y hacía que el corazón me latiera al ritmo del mar.

El barco en el que estaba se desvió de camino y me llevó al otro lado del océano, donde los pájaros no volaban y los peces me ayudan a saltar hasta llegar a ver los deseos del mañana. No supe controlar el timón y me inudé en el mar de nuevas esperanzas. Perdí la respiración cuando las sirenas se me aparecieron de frente y mis ojos vieron un eterno azul capri.

jueves, 28 de abril de 2016

Tormenta

Siento no poder llevar tu carga. Siento haber dejado de luchar cuando me necesitabas. Tu mente brilla como el sol, mientras la mía todavía está empezando a apreciar la poca luz que entra por la ventana. Tus días son montañas rusas y yo le tengo miedo a las alturas. Cuando estamos en lo más alto de la atracción, yo estoy mirando abajo deseando que pies toquen el suelo. Mi mente desea volar entre las nubes contigo, pero mi corazón tiene miedo a perderse.

Siento no poder amarte lo suficiente. Siento haber dejado de correr cuando estabas cerca de la meta. Tus ojos son como la luna, pero los míos todavía se están acostumbrando a mirar las estrellas. Tus noches son huracanes y yo le tengo miedo al viento. Cuando estás en el centro de la tormenta, yo estoy deseando que el sol aparezca detrás de las montañas. Mi mente desea volar entre las nubes contigo, pero mi corazón tiene miedo a perderse.

Lo siento por mí.

Viento de primavera

Estoy cabreada, no sé si conmigo misma por seguir yendo adelante, o con el mundo por no mandar las señales adecuadas. Puedo hacer todas las listas que quiera, mirar las estrellas, o estar noches dando vueltas en la cama, pero no podré cambiar mis sentimientos y mi intuición; esa puta intuición que cada día va por un camino. En algún momento la línea empezará a curvarse y la indecisión será lo único que habrá entre mis ojos.

Estoy rota. Soy un espejo que se ha mirado demasiado y ha pensando en los momentos oscuros nublando los iluminados. Mis trozos de cristal son irregulares, indispuestos a ponerse de acuerdo en un estado de ánimo. No sé como repararme sola, o con tu ayuda. Tu mano a veces quita los filos de los trozos, pero otras veces los afila y los lleva a estar más separados.

Estoy cansada. Mis ojos se caen cuando miran hacia el horizonte y mi deseo de ver un nuevo amanecer se esfuma entre el viento helado.