Son las similitudes, las que lo hacen parecer distinto. Son los ojos, los únicos que están dispuestos a enfrentar la realidad. Una realidad desigual, un destino contradictorio. Ese maldito destino que posee intrepidez y perversidad. Son sus sueños, los que proclaman sus anhelos más profundos. Es el monstruo de un nuevo amanecer, el que pinta todo de color rosa. Es ese mostruo, el que no permite que el corazón se esconda detrás de los huesos. Pero es solo ella, la que decide su destino, la que decide si dejar que el cuadro se quede colgado en la pared, o guardarlo con delicadeza y pintar con su propia mano la pared de verde.
Son sus fantasmas, esos que la siguen cuando anda por la calle a las ocho de la tarde, los que la dicen que se equivoca. Las figuras borrosas y con expresiones distinguidas le bloquean el callejón, la mantienen mirando a la enredadera seca que trepa por la pared sombría. Esos fantasmas tienen nombres, Noviembre, Febrero, Abril y Julio... la rodean y acusan de darles de lado, de ponerles en el fondo del armario con las cartas con olor a fresa. Ella les implora, deseando cortar la cuerda que no la deja subir y ver el otro lado de estos ladrillos.
Una mano conocida por desventuras y azares le acerca el cuchillo, porque unas tijeras no conseguirán rasgar esta atadura. La chica vacila y lo acepta, su corazón latiendo con incertidumbre. Cada vez que pasa hoja de metal por la fibra de la cuerda, suelta un respiro sofocado a la vez que una lágrima. Sus ojos lloran, no por tristeza, sino porque el resto de la chica por fin está empezando a ver la realidad junto a ellos.
En el otro lado de la pared, el atardecer la espera, esta vez sin remordimiento. La ayuda a posar sus memorias en granos de arena, las más pesadas cayendo al fondo, para que el agua las guarde en la playa de su vida con cuidado.
Son los sentimientos, los que proclaman su libertad. Ayudan al corazón con cicatrices a tomar un paso adelante.
martes, 18 de noviembre de 2014
sábado, 1 de noviembre de 2014
Uno
Fue algo simple, el beso del primer amor,
como la primera gota que queda rodeada por el arco iris.
Fue inesperado, dos desconocidos de ojos marrones
tropezándose con las miradas.
Fue en las noche de las pesadillas,
en la que comenzó un sueño de doscientos días.
Junto a las estrellas y lazos amarillos,
aparecieron un sombrero y una pajarita vestidos de negro.
como la primera gota que queda rodeada por el arco iris.
Fue inesperado, dos desconocidos de ojos marrones
tropezándose con las miradas.
Fue en las noche de las pesadillas,
en la que comenzó un sueño de doscientos días.
Junto a las estrellas y lazos amarillos,
aparecieron un sombrero y una pajarita vestidos de negro.
En aquella medianoche, con los fantasmas de centinelas,
dos corazones latieron de un modo distinto.
En manos del destino, se unieron dos adolescentes
sin ser conscientes de que estaban siendo tatuados.
Fue permanente, ese uno de de noviembre
sentados en una roca rodeados de un aroma nuevo.
Fue precioso, el amanecer de una nueva historia
relatada en un libro de colores
que permanecerá en la estantería.
Lo ojearán de vez en cuando,
sin jamás olvidar los recuerdos escritos en él.
miércoles, 29 de octubre de 2014
Futuro
Había escuchado su nombre; historias sobre sus duras pisadas y
batallas rechazadas. Nunca había aceptado realmente que vendría a por mí;
esperaba quedarme escondida en el parque para siempre, sin preocuparme por sus
andaduras o víctimas. Ellos decían que no entiende de piedad o paciencia,
siempre llevando a cabo su objetivo. Yo no me lo creía.
Hasta que, un día, vino a por mí.
Entro como un huracán sin aviso, destrozando la puerta y poniendo
los muebles patas arriba. Apagó las luces y me dejó en la oscuridad. No me he
visto a mi misma desde ese día. Me quitó mi ciega libertad, sin dejar que me
quedara atada más tiempo. Me hizo querer correr, huir hacía el bosque, donde
otra persona tenía la antorcha que guiaba. Me enseñó a enfrentarme a mis
miedos, pero nunca quiso mostrarme como enfrentarme a su presencia. Serpenteó
hasta el fondo de mi mente, siempre teniendo un dicho en mis palabras,
retorciéndolas hasta que ya no podía hablar. Me hizo elegir. Se hizo permanente
en mis días, y su tatuaje hincado en mi piel. El tatuaje dice su nombre, una
palabra compuesta de seis letras y colores ansiosos. "Futuro" lee mi
brazo.
viernes, 10 de octubre de 2014
De la mano del tiempo
Me encontré en la esquina con las
hojas cayendo a mi alrededor, fundiéndose en un verde esperanza deseando ser tomado por alguien.
Me encontré con el cielo gris esperando la llegada la tarde para vestirse de naranja y bailar junto al fuego.
Me encontré con los pies descalzos, confusos por pisar octubre.
Me encontré con el aire maquillando mi cara de rojo ayudado por el frío.
Me encontré cara a cara con alguien que pensaba haber olvidado. El otoño me mira con incertidumbre, esperándome. Pone su mano delante de la mía, invitándome a dejar el calor del verano atrás, a empezar a cambiar. Confusa, mi mano empieza a acercarse a la suya, dudando si está dispuesta a dejar que una nueva estación la guíe. Oigo un suspiro que me habla de promesas que se cumplirán y me dejo llevar.
El extraño, de nombre otoño, me recita poemas sobre cambios, me relata poesías sobre mañanas bañadas en color cobre. Dejo que los poemas me lleven a ser diferente, a acoger el frio con dulzura, a ponerme bufandas escondidas en el fondo del armario. Los versos me ayudan a acordarme del otoño, de los cuentos que fueron escritos junto a él y de lo bonito que es despertar a su lado.
Ahora, me encuentro en la esquina
bailando al ritmo de una nueva estación.
miércoles, 8 de octubre de 2014
4 de octubre
Fue espontáneo, un coche conducido por el poder de las letras y ojos abiertos gracias al café. Los tres corazones latieron en unión, deseando esconder el siempre del momento en el reloj. Viajaron, como pájaros después de un largo invierno, entre el azul y plata de la ciudad. Hicieron el camino suyo; solo era ellos y los enredos de la ciudad siendo desenmarañados por la música
Fue impecable, andar por la calles a medianoche, dejar que su infancia se les fuera de las manos. El agua les hizo ver que los momentos simples son los que importan, salpicaron y rieron, dejando que el peso de sus hombros se quedara en la fuente translúcida. Soñaron sobre escalar la ciudad, estar en la cima y saltar sin alas, simplemente para sentir la adrenalina latir en sus cuerpos.
Fue compasivo. La protegieron con velocidad y secretos no revelados. Él la agarró de la mano para subirle los ánimos, haciendo que lo roto pareciera reparado. Desafiaron lo establecido, sin tener cuidado antes de hablar. Prometieron hacer y no pensar, dejando que el tiempo se les llevara.
Fue único, una noche que nunca dejará sus memorias. Las estrellas miraron a los chicos y la chica con celos por haber convertido una noche simple de otoño en una experiencia extraordinaria, una noche que solo hablaba de de misterios. Los tres adolescentes coincidieron, creando una amistad nacida del humo, humo que entrelazaba diferentes rincones del mundo convirtiéndose en uno. La luna fue el testigo de un eterno estribillo.
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