Su tercer suspiro se mezcla con el viento de Chicago, yendo entre la gente en la ciudad. Se sienta frente al lago, con la cara sonrojada y las manos frias. Observa como las olas van y vienen, al igual que sus recuerdos. Pero ellos se quedan, ellos no vuelven a ser parte del agua, sino parte de ella, parte de la historia que su corazón está escribiendo.
Saca su cuaderno, lleno de fotos en blanco y negro, y escribe sobre el viento frio del trece, el inocente pensamiento del primer amor, el tiempo que separa los buenos buenos momentos, la distancia entre el sol del lago y la luna de la montaña.
Pasa la página del cuaderno, y con una sonirsa en la cara, sigue escribiendo su historia. Sus palabras hablan del momento entre un fin y un principio en el calendario. Ese momento sigue presente en sus ojos, cuando mira hacia el horizonte y piensa en ir hacia el oeste, pasado el océano, hasta esa pequeña calle entre las montañas.
Cierra el cuaderno y corre por la arena. Deja que sus pisadas permanezcan en el suelo y decide no mirar a las nubes grises. Corriendo, sigue hacia adelante, pero en su mano lleva una llave. Esa llave va con ella a todos lados, para recordarla que el tiempo pasa, que las semanas se convierten en meses y los meses años. Y los años sólo importan si los sentimientos se han perdido.
martes, 1 de noviembre de 2016
viernes, 16 de septiembre de 2016
Echándote de menos
Te echo de menos.
No como en las películas tristes mirando a la lluvia y llorando desconsoladamente.
Sino en el día a día.
Cuando ando por la calle y veo manos entrelazadas.
Cuando me voy a dormir y mis buenas noches son tus buenos días.
Cuando leo alguna frase que te recité.
Cuando el viento me roza y no estás tú para arroparme.
Te echo de menos en las pequeñas cosas y en los grandes momentos.
Te echo de menos como en los libros, con simpleza y una nostalgia agridulce.
Te echo de menos con mis palabras.
No como en las películas tristes mirando a la lluvia y llorando desconsoladamente.
Sino en el día a día.
Cuando ando por la calle y veo manos entrelazadas.
Cuando me voy a dormir y mis buenas noches son tus buenos días.
Cuando leo alguna frase que te recité.
Cuando el viento me roza y no estás tú para arroparme.
Te echo de menos en las pequeñas cosas y en los grandes momentos.
Te echo de menos como en los libros, con simpleza y una nostalgia agridulce.
Te echo de menos con mis palabras.
miércoles, 7 de septiembre de 2016
6 de septiembre
Entre los árboles y los coches, ella andaba pensando en la vida, sin una ruta en la mente. Sus pies la guiaban hacia la arena, donde el silencio de la noche la esperaba. Con el viento caliente en la cara y música en sus oídos, siguió dando pasos hacia adelante. Llego hasta donde las olas caen y con ellas se cayó su miedo. Metió los pies en el agua y el dulce frío le revolvió las dudas y se las llevó con la marea. En el trance de las estrellas, salpicó el agua y su risa llegó a mover las pocas nubes que había en el cielo. Desnudándose del presente y de su ropa, se adentró hasta la oscuridad del lago, donde la única presente era ella. Se dejó caer y el agua la arropó, haciéndola sentir entera, encontrada, afortunada. Esa noche en el lago, saliendo del agua, se sintió entendida por la vida otra vez.
miércoles, 24 de agosto de 2016
Un verano eterno
Recuerdo
aquel día cuando el sol brilló como nunca. Los rayos se metieron entre las
hojas de los árboles e iluminaron todo el parque de felicidad. Todavía puedo
sentir el calor en mis venas y tu suspiro en mi mejilla. Estábamos solos con el
silencio. Las horas pasaron lentamente, dejándonos disfrutar de esa mañana de
agosto que nunca se escapará de nuestras memorias. En mi bolsillo sigue la
llave que me diste, con la que me prometiste que me volverías a ver.
Recuerdo
aquella noche junto a las estrellas. Mi corazón sigue pensando en tus labios
junto a los míos y tus manos rodeándome la cintura. Estábamos enganchados al
presente y a las letras de esa canción que escucho cada noche antes de soñar
con tus ojos. Me acuerdo de llorar de la risa con tus tonterías y de saber que
el verano no se separaría de nosotros cuando el otoño llegara. En tu mejilla
sigue el beso rojo que te di, con el que prometí que te volvería a ver.
Recuerdo
aquellos momentos entre los paseos y las miradas. Tu sonrisa era un oasis en
los días calurosos en la sierra de Madrid. Estábamos perdidos en el pasado y el
futuro, sin importarnos lo que pasara cuando las nubes me secuestraran. Todavía
suspiro las palabras que dijimos sin miedo y las veces que entre los nuestros
bromeáramos sobre el cambio del tiempo. En nuestros cuerpos siguen los pasos de
baile, con los que prometimos dejar al destino seguir su curso.
Recuerdo
aquel verano como si fuera ayer.
martes, 12 de julio de 2016
Reencuentro
El primer día los recuerdos se metieron entre las
conversaciones. Removieron la complicidad y buscaron rincones entre las bebidas
y los bailes. Las chispas no se atrevieron a saltar, para no alterar el camino
de las estrellas. Ellas vigilaron la noche y dejaron escapar a la felicidad, la
cual se pegó a las miradas y durmió con el amanecer.
El segundo día se vistió de azul, para no olvidar la
nostalgia que la distancia una vez creó. Entre palabra y palabra se perdieron
los abrazos y la familiaridad fue apareciendo en el lugar del miedo.
El tercer día el sol les permitió volver a ser los
mismos. Las sonrisas de siempre saltaron entre los árboles y los recuerdos
salieron de su escondite y decidieron ser los invitados de honor en el parque.
Las horas pasaron lentamente, dejando que el amor inocente recorriera las
calles del pasado.
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