jueves, 25 de febrero de 2016

Ojalá

Ojalá fuera tan simple, retar al propio destino y clavarle la espada en el estómago. Estamos sujetos con una cuerda que no nos decidimos a cortar porque no sabemos qué hacer sin ella. Ojala creyéramos en los días infinitos y en el calor de los domingos, que no solo nos arrastran al lunes, sino que nos permiten pasar momentos en silencio.

Ojalá no estuviéramos sujetos al pasado ni charlando con el mañana. El calendario podría ver a los días corriendo junto a la lluvia, en vez de tirados en sofá mirando al suelo sucio. Ojalá existiera la complicidad entre la mente y el corazón, esos dos órganos que en vez de ayudar a los días, les mete en un laberinto. Ojalá los cambios fueran acorde con el tiempo, en vez de rotos en la cama por la noche intentando escribir poemas.

sábado, 9 de enero de 2016

El sol de Los Ángeles

Salió el sol y la vi salir a ella. La chica morena y con ojos claros parecía perdida; su andar la delataba como turista buscando la belleza en la ciudad de la conmoción. La seguí entre las calles desorganizadas, mientras ella observaba los colores que una vez había usado para pintar la imagen de su hogar. Con su cabello largo y los zapatos viejos, se paró en la fuente en el medio de la plaza. La ví respirar el aire caliente, y reír cuando la música llegó a sus oídos. Junto al agua cristalina, y personas desconocidas, estuvo sentada durante horas. Parecía estar esperando a que la memoria la llevara lejos de la perdición. A las doce del mediodía la vi levantarse del banco de bronce. Su cara se iluminó. Sonrió como si hubiera descubierto su sonrisa por primera vez. Miré hacía la dirección de su sonrisa y vi tres pares de ojos que la sonreían de vuelta. El mayor abrazo entre las cuatro chicas jóvenes ocurrió en medio de aquella plaza.

El cielo azul fue testigo del rencuentro de amistades eternas. Junto a las almas conocidas, la chica morena ya no se mostraba perdida, sino radiante, con el sol dándole en la cara como aquellas largas horas pasadas en el césped hace años. Riendo entre memorias, las jóvenes volvieron a ser las mismas que cuando se separaron y, gracias al cambio en la ciudad de ángeles, prometieron seguir haciendo tonterías entre las tiendas y bailar cuando la distancia y el tiempo las volviera a separar.

Observé a la chica morena de ojos claros hasta que el sol se fue. Reí a la distancia cuando la vi cantar sin importarle los años, y lamenté la ausencia de días eternos cuando la vi correr entre los libros hasta llegar a leer el diario de los años pasados. Sus compañeras, todas brillantes junto a las estrellas, le enseñaron la letra de la canción que ella no había escuchado, y al final del día formaron la canción que durará otros ocho años.

domingo, 3 de enero de 2016

Junto a las olas

Mientras miro el mar, veo como las olas se llevan un año lleno  de memorias, En la arena están escritos los meses, y poco a poco la marea los borra, dejando espacio para los siguientes números del calendario.

Enero está escrito con una letra rápida, descuidada. Marcá el principio de unos meses perdidos, confusos entre el corazón y la mente, el querer y el poder, el pasado y el futuro. Las olas se llevan enero con despreocupacíón.

Febrero es más legible, monstrando la rutina, la nieve helada, y la fortaleza de la amistad. Pero este mes se va con tristeza, también relatando los deseos perdidos y las oportunidades decaidas.

Marzo está escrito con elegancia, sabiendo que fue importante en dejar una marca en el futuro para siempre. Esperanzas hicieron que marzo fuera escrito junto al sol, pero puertas cerradas hacen las olas se lo lleven hasta el fondo del océano.

Abril se ve en dos idiomas, monstrando la desesperación por saber qué dirección tomar junto a mi vida. En español y el inglés confunden, y hacen que las olas se muevan como se me movió a mi el camino en aquellos días eternos.

Mayo está escrito con dorado y rojo. Sus letras no quieren ser borradas de la orilla, ya que sus mejores momentos hicieron que el año pudiera ser escrito. Mayo relata los cuentos de puestas de sol en el lago azul, metas conseguidas, y amistades eternas.

Junio es reluciente, brillante y grande. Junto a junio están escritos un final esperado y nostálgico, y un principio con corazones y un amor persistente. 

Julio está escrito junta a letras de música, por haber sido cantado, brevemente pero con fuerza y pasión. A julio las olas lo borran cantando.

La letra de agosto es delicada, maracando aventuras llenas de colores. Este mes habla de los tesoros de la vida: los cafés de ciudades desconocidas, el rugido del viento a viajar, el andar por calles tranquilas, la dulzura de un amor de opuestos, el principio de un nuevo capítulo y el primer paso como adulta.

Una vez que las olas se han llevado agosto, se ven septiembre, octubre y noviembre escritos juntos, los cuales fueron impresionados por la rapidez de las semanas y el caos de una vida organizada. Subieron, bajaron, sonrieron, conocieron, quieron, se enamoraron, cantaron, bailaron y corrieron. Las olas se los llevan juntos.

Diciembre se ve escrito a la perfección, dispuesto a acabar el año con memorias permanentes e ilusiones para el futuro. Diciembre vibra junto al mar, sabiendo que lo vivido junto a él nunca será olvidado. Las olas vacilan antes de borrarlo, marcando el final de los doce meses que cambiaron el ritmo de las olas.

El año ha corrido como el agua, ha subido y bajado como la marea, ha visto amaneceres y atarcederes con agua dulce y agua salada. Mi año se ha movido, me ha hecho vivir con los pies frios y el corazón caliente.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Nosotros

No éramos Romeo y Julieta, no éramos amores destinados a morir de la mano. No éramos almas gemelas. Éramos fichas de un puzle, puestas juntas por la mano del viento y el agua. Éramos felices, jóvenes, enamorados.

Sus manos cogían las mías para hacerme sentir protegida. Yo le enseñaba la luz del verano y el me enseñaba la belleza del invierno. Le hacía reír para hacerle sentir querido. Nos tropezamos el uno en el otro para ninguno caernos. Nos reíamos de la ignorancia de nuestro alrededor, y abrazamos nuestros años rebeldes adolescentes.

Andamos por la orilla del lago sin darnos cuenta que los vientos estaban a la vuelta de la esquina. Viajamos por las calles de la ciudad sin saber que los fantasmas estaban escondidos en los callejones.

Pero cuando el reloj tocó las cuatro de la madrugada estábamos perdidos en el bosque, habíamos ido tan lejos del camino que la belleza de los árboles se había perdido, y las mariposas se habían convertido en arañas. Habíamos confiado en nuestros ojos para guiarnos, pero estábamos ciegos por la pasión del momento.

No éramos Romeo y Julieta, pero caímos en el amor como ellos, y al final el amor nos rompió.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Aire pacífico

Entre las nubes me siento grande. Entre el azul del cielo y el poder del viento puedo volar hasta mi destino. Me muevo entre las alturas y observo lo pequeños que se ven los problemas desde arriba, y lo grandioso que es el seguir adelante cada vez que sale el sol. El corazón me late en el pecho con fuerza cuando las palmeras se hacen más grandes y el mar se acerca.

Con el pelo suelto, una sonrisa en la cara y un libro en la mano llego hasta la orilla más lejana, aquella a la que pocos van. En esa orilla, respirando el olor a agua salada, me vuelvo a encontrar. A pesar de haber estado perdida en los caminos de la arena, he descubierto rocas preciosas, conchas rotas en las que nadie se fija pero no cortan si se cojen con cuidado, y pequeñas metas que me han ayudado a llegar al mar. Las olas me rugen y me salpican, pero no me asustan. Al contrario, disfruto de cada gota que me rocía la cara; cada una de ellas me da fuerza para aguantar la siguiente tormenta, me transmite la alegría de haber descubierto lo que es el tiempo, ese concepto ambíguo y cambiante que todo dirige y nada delata.