Hablando con el espejo, me dije que nunca más buscaría las flores entre las espinas. Observando mis ojos, prometí a mi mirada no ver finales felices donde no los hay. Mirando mis labios rosados, formulé las palabras "la felicidad no se busca." Y viendo mis hombros moverse al respirar, suspiré en alto "ella aparece cuando todo está perdido y el cielo está gris."
Giré la cabeza y miré por la ventana; el cielo no estaba gris, sino rosa. Me acercé al borde de madera y olí el otoño en el viento. Apoyé mi cuello en el borde del marco de la ventana y vi las ojas caer. Todo cae, incluso las personas. Pero como las hojas de octubre, las personas caen y están rodeadas de colores, que poco a poco se mezclan con los días y se convierten en el precioso mantel que cubre las mañanas.
El cielo rosado estaba oscureciendo, pero no me daba miedo enfrentarme a la noche. Cerré los ojos y escuché los sonidos del pequeño barrio en medio de la ciudad. Con cada pisada, ladrido y rueda que sonaba junto al viento, me adrentré en una monotonía llena de simpleza. Mi mente se fue de la esquina con el espejo y se llegó a el final de aquel libro que no acaba con campanas y besos, si no con la realización que la vida se mueve con precisión, y nos da felicidad y tristeza a la vez, para regalarlos el don de caernos y levantarnos.
jueves, 8 de octubre de 2015
lunes, 28 de septiembre de 2015
El secreto del tiempo
A veces entre el café del lunes y la cerveza del viernes, me paro en el tiempo y respiro el tic toc del reloj que parece no saltarse un segundo. Entre los sorbos agrios sonrío a la mañana fría del fin del verano y camino entre los pilares de mi nuevo hogar. Con la cafeína de la mañana me despierto del sueño de la tranquilidad y me adentro al mar de la viveza y urgencia constante. Mis pies de madrugada me desplazan por el césped rociado de soledad entre amigos y pasión entre las simplezas. Mis manos intranquilas me ayudan con la rutina dinámica y mis ojos me introducen a la vida adulta.
Entre los sorbos fríos del fin de semana canto entre extraños con caras felices. Con la claridad de la noche me olvido de pensar y me dejo llevar por las consecuencias. Mis pies de medianoche no quieren parar de moverse entre diferentes rosas en las calles y granos en la arena. Mis manos intranquilas me llevan por las rocas de lo desconocido y mis ojos me animan a pensar en el ahora y no el sol del día siguiente
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Cicatriz
Son las tres de
la madrugada y aún escucho tu nombre. Mirando la pared sin color tu sonrisa
traspasa mi noche en vela mientras mi mayor deseo es dormir y olvidarme de los
meses desolados sin tu roce en mi cintura.
Los diablos de las doce todavía no se han ido, siguen ahí, escondidos entre las cicatrices del agosto. Me hablan con poemas que relatan lo que podría haber sido pero fue arrancado de mi mano. Me gritan palabras esparcidas sobre el viaje eterno. Me miran con ojos profundos, llenos de satisfacción al ver mi nostalgia.
Son las cuatro de
la madrugada y aún respiro tus te quiero, aunque llevo meses sin escucharlos.
No sé qué es peor, si pretender que la cuerda no existe o volver a empezar.
martes, 18 de agosto de 2015
Creencias en el tiempo
Intento no mirar el calendario, pero mis ojos me traicionan y observan el camino de aquel tren en un día lluvioso. La fecha se burla de mí, cambiando un número entre los últimos y riéndose mientras mi corazón revive la cicatriz que un agosto dejó. A la par con mis memorias volviendo a aquella estación, mis manos tiemblan por no poder evitar tocar aquel billete de tren, el cual me condujo lejos de la primera sonrisa que calentó mi corazón. Susurro que el destino me llevó a donde quiso, sin tener en cuenta mis prioridades. Grito que el maldito me hizo estar en una tormenta impasible durante meses, y que todavía a veces llueven lágrimas de mi corazón roto.
Intento acariciar mi diario y decirle que ahora vuelvo a sonreír. Pero sus entradas escritas por mi mano me comentan que como el primer amor no hay ninguno y que mi cuerpo lo echará de menos siempre. Sé que tiene razón, parte de mis escrituras siempre serán de aquella historia que acabó un 18 de agosto, y las estrellas de mi cuarto serán las que me digan que parte de la felicidad reside entre las montañas, pero que de vez en cuando vuela y me vuelve a encontrar.
jueves, 13 de agosto de 2015
Viajando junto al viento
En el coche, con el viento entrando por la ventana y la ciudad llamada "casa" detrás de pensamientos, fui adelante mano a mano con la incertidumbre y bonita soledad. Vi maravillas del mundo vestidas con agua y rugidos; rugí junto a ellas para sentir el poder de ser grande. Dormí debajo de las estrellas junto al césped y corazones que latían con la misma sangre impaciente. Miré al fuego con certeza y escribí mis historias en hojas caídas a mis lados.
Conduje lejos de lo conocido y me adentré en ciudades canadienses y barrios decorados por el habla francesa y el té de colores. Canadá sorprendió con tranquilidad y ríos que hablaban de experiencias diferentes en tierras nuevas. Caminé entre las calles de Ottawa, las cuales sonaban a alegría de inocentes y pasión de ingenuos. Corrí entre los tejados verdes y dejé mi ansiedad por los planes imperfectos en las piedras del rio nórdico. Subí hasta la mezcla entre Europa y América y llegué a Montreal, la cual bailó conmigo hasta que las pinturas de las galerías se convirtieron en realidad. Moví los pies al ritmo que la ciudad me enseñaba y las caderas a la melodía que la noche susurraba entre estrellas y edificios irlandeses. El baile acabó con una nueva canción imprenta en mi mente.
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